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Varios >> Fans >> Fan fics >> Mi falso compromiso

Conviviendo con el enemigo

La gran hora había llegado. Las manecillas del reloj marcaban las ocho en punto. Sakura comenzó a pasearse nerviosa por la habitación. Llevaba mucho tiempo hablando sola, ya que Kero permanecía en silencio y se había excusado diciendo que necesitaba meditar. ¿Acerca de qué? Se preguntaba la niña, pero no quería interrumpirlo. Respetaba sus decisiones, así como Kero respetaba las de ella.

No podía negar que le interesaba saber el porqué del comportamiento de su guardián, pero la cena próxima le tenía los nervios de punta.

Meiling aún no pasaba por ella. La prima de Shaoran estaba ocupada con lo suyo y si Sakura la conociera, sabría que tardaría mucho más intentando elegir la ropa adecuada para el evento.

 —Kero ¿crees que me veo bien?– pregunta la niña mirándose otra vez al espejo.

El muñequito permanece quieto y Sakura entiende que aún continúa con su meditación.

Repentinamente la voz de Meiling se oye tras ka puerta y Sakura corre a su encuentro.

—Perdón por la tardanza–dijo la niña vistiendo un traje parecido al de Sakura pero de mangas cortas y color violeta— Buscaba alguna prenda en la poca ropa que tengo en esta casa... Tal vez hubiera sido mejor ir a buscar algo a la mía.

—¿No vives aquí?–preguntó Sakura.

Meiling negó sonriendo.

—Mi casa está a unas cuadras de aquí. Vivo sólo con mi madre... mi papá....–Meiling desvió su vista a otro lado y continuó tras un breve suspiro— Mi papá se fue a Pekín  hace dos años.

Kinomoto la vio con lástima y compartiendo su nostalgia. Toda esa gran sonrisa de ella desaparecía.

“Se fue” pensó y volteó a mirar portarretratos donde estaba la fotografía del sonriente Yukito.

—En fin, será mejor que nos apuremos o comenzaran la cena sin nosotras–dijo Meiling tomando a Kinomoto de la mano.

—Kero vamos– llamó a ella a su guardián.

—No estoy de humor para eso– replicó el muñequito cruzando sus brazos.

Meiling intentó no gritar luego de llevarse la sorpresa de ver un peluche parlante. Ya no le extrañaba nada de lo que veía, ¡pero sí que era extraño ese muñeco!

Arrastró a Sakura a la puerta y bajaron juntas a mucha velocidad las escaleras, mientras en la sala principal, Ieran, sus hijas y un pensativo Shaoran aguardaban.

El comedor estaba arreglado de una manera especial. En todos los antiguos muebles había un ramo de hermosas flores que emanaban los más exquisitos aromas. Era de suponerse que pertenecían al jardín de la familia.

La mesa no se quedaba atrás, y en su centro tenía otro arreglo de violetas. Dos candelabros poseían delgadas velas que iluminaban la lujosa vajilla de plata.

Los criados se mantienen alertas al llamado de su dueña y se esparzan alrededor de la mesa. Wei parece liderarlos y está más cercano a la sala para avisar cuando la señora Li dé la orden de servir el banquete.

 

Shaoran contempla el ramo que tiene un sus brazos. Se ha mantenido callado y no ha abierto la boca, sólo ha observado el ramo de flores, que minutos más tarde iría a parar en manos de la joven Kinomoto.

 Su madre lo nota intranquilo, pero está segura que su hijo se ha convencido de su labor.

En ese momento, Sakura y Meiling se asoman por la puerta.

—¡Estás hermosa!– chillaron las hermanas observando con ojos estrellados a la niña de ojos verdes.

—Es verdad... Esa ropa le sienta muy bien señorita– dice Ieran sonriéndole.

Sakura baja la vista apenada por los comentarios, pero ante sus ojos aparecen unas hermosas flores de color rosa.

—¿Son... Son para mí?–puede preguntar muy avergonzada al distinguir el rostro de Li.

Él con su expresión seria afirma y luego lanza miradas asesina a sus hermanas, ya que han comenzado a reír.

—Mu- Muchas gracias...–puede decir ella en un murmullo.

Ieran sonríe mientras Shaoran–aún un poco avergonzado, pero sobretodo pensativo– presta el brazo a la niña, quien no tarda en sonrojarse más.

—En Hong Kong es tradición que el hombre lleve a la invitada a la mesa– le dice Meiling a Sakura, intentando tranquilizarla.

La niña japonesa no se atreve a mirar a Shaoran, por lo que tímidamente recibe su brazo y se dirigen al comedor, adelante de las demás.

—¡Son la pareja perfecta!– exclama Fuutie saltando con alegría.

Shiefa y Feimei asienten, y siguen con su vista a la pareja.

Fanren está en silencio y observa a su madre, la que luego de devolverle una sonrisa, pide a Wei que sirvan y también se encamina al comedor.

—“Shaoran no es así... Nunca se ha comportado así con una chica. Hay algo raro en esto, y sé que mi madre tiene mucho que ver”–pensó Fanren, siendo luego llamada por sus hermanas, para que se apresuraran.

Shaoran y Sakura ya habían llegado a la mesa, y esperaban a las demás. El joven había ubicado a Sakura en una silla, y ésta se había mantenido silenciosa, observando ruborizada el ramo.

El grupo, encabezado por Ieran, llegó al comedor y se ubicó en sus respectivos lugares con ayuda de Wei y Shaoran.

—Tenemos que hablar...–susurra Fanren cuando Shaoran corre su asiento para que se sitúe.

Él hace caso omiso de las palabras de su hermana, y se sienta, para su sorpresa frente a Kinomoto. ¿Pero por qué, si su asiento era...? Al voltear la cabeza, Meiling ha pedido a Sakura ubicarse frente a su primo, mientras ella se sienta en el puesto había ubicado a la señorita Kinomoto.

Los criados han desaparecido de alrededor de la mesa. Sólo Wei continúa de pie y ofrece a Sakura retirarle el ramo para que no le moleste, ya que la cena está próxima a comenzar. La niña está nerviosa, nunca antes había estado en una cena tan formal como aquella. Nunca había estado con una familia de hechiceros. Nunca antes un chico le había regalado un ramo de flores y le había ofrecido su brazo para guiarla.

—“Hoooe esto es muy penoso... Y el malo de Kero no quiso bajar. ¿Pero por qué? Si él estaba tan entusiasmado en conocer a la familia Li”–pensaba Sakura, en tanto una fila de criados depositaban los platos en la mesa.

Luego de que terminaron de servir, se retiraron. Ieran se mantenía quieta, y contemplaba de vez en cuando a su hijo, o a Sakura.

 

Meiling sonríe ya que el ambiente de tanta formalidad le parece gracioso. Comúnmente en la cena, las hermanas Li hablan y hablan, y los únicos que permanecen en silencio son Shaoran y su madre. A Ieran no le gustaba mucho hablar en las comidas, pero le daba la libertad de hacerlo a sus hijas, ya que se entretenía oyendo los temas que trataban.

Sabe muy bien, cómo debe estar la pobre de Sakura en esos momentos. Se veía una niña tan tímida y retraída, que hasta se había sonrojado al tomar del brazo a su primo o al recibir el ramo de flores.

—“Supongo que a cualquiera otra, le hubiera pasado lo mismo... Después de todo, Shaoran es el chico más guapo de la secundaria”–deliberada sonriendo y mirando de reojo a su nerviosa “nueva amiga”.

—Bueno... Adelante–dice Ieran con esa sonrisa, tan poco común en ella.

Los tenedores se levantan de su reposo y se dirigen al conjunto de comida.

Para Sakura todo sabe rico. ¡Cómo se pondrían su hermano y su papá si probaran de esa comida!

—Me sorprendes hermanito... Nunca pensé que tuvieras “iniciativa” como para comportarte así con una chica...–le susurraba Fanren a su hermano en tono sarcástico.

En ese instante, Shaoran como nunca, quiso que su hermana desapareciera de ese asiento. Siempre dejaba que se sentara a su lado, pero no ahora, no ahora que estaba cansado

de que le molestara con esa chica, sabiendo que tendría que ser “su prometida”.

 

La cena trascurrió tranquila. Entre los jóvenes solo hubieron mirada breves, ya que al sólo sentir que la otra persona le observaba bajaban la vista incómodos. Shaoran por su parte, mucho más. No quería ver a esa chica como lo que tendría que ser... durante una semana, la que sería la más larga de toda su vida.

—“Rayos... Pienso hablar con ella..”–se dijo decidido, luego de que en otra mirada que le dirigiera, ella le sonriera tímidamente.

¿Y por qué le había sonreído? ¿Sabría ella que estaban cercanos a asumir “un compromiso”? ¡Y enfrente del Jefe de la Asamblea! Li sólo quería desaparecer de ahí lo más pronto posible.

Luego de que todos terminaran, la señora Li toma la palabra.

—Espero que la cena haya sido de su agrado señorita Kinomoto–dijo a Sakura, quien asintió sonriendo— Sé que aún no hemos hablado sobre esta importante visita, pero quiero pedirle a la señorita Kinomoto que nos cuente ella misma, las hazañas que ha realizado con su magia.

Después de que Ieran habló, todas las miradas se dirigieron a Sakura.

—Eh... Bueno... Yo... Yo fui... Capturé las Cartas del mago Clow–respondió ella con baja voz.

Shaoran y sus hermanas abren los ojos sorprendidos.

El joven es el primero en tomar  la palabra.

—¿Las Cartas Clow?...–cuestionó mirándola detenidamente— ¡Ya sé por qué tu rostro me era conocido!–exclamó él.

Ella sólo miró al chico, quien después de volverse pensativo, contempló a su madre.

—Es por eso que el nombre de Kerberos me era familiar también... Él es el guardián que protegía las Cartas...–siguió diciendo Li mientras todas las imágenes venían a su cabeza.

Sus hermanas no comprendían muy bien lo que Shaoran hablaba. Sakura tampoco, y mucho menos Meiling, ella era la más desorientada de todos y miraba confundida a sus primas cuchichear.

—O sea que eres una de las hechiceras más poderosas– le dijo Feimei sonriendo.

Sakura negó con su cabeza y con una sonrisa nerviosa. Todo ese asunto le apenaba.

—¿Y cuándo terminaste de recolectar las Cartas?– preguntó Shiefa con otra sonrisa.

—Eh... como... hace tres años, creo–contesta ella mirando hacia el cielo, como si así pudiera recordar todo con claridad.

La mesa se  inundó de voces. Las hermanas Li y Meiling hablaban, y Sakura tenía que responder las preguntas que se le dirigía. Ieran notaba que sólo faltaba su hijo, pero necesitaba que estuviera con la joven Sakura a solas. Nunca podrías conocerse o arreglar todo con ese ruido.

—Niñas, guarden  silencio por favor–dijo Ieran en un too más elevado y autoritario.

Las voces se apagaron al instante y la mujer se levantó de su silla.

—La señorita Kinomoto aún no conoce todos los alrededores, así que esta semana organizaremos paseos por la ciudad–dijo Ieran sonriéndole a Sakura— Por ahora quiero pedirle a la señorita Kinomoto, que se deje guiar por mi hijo, quien le mostrará el resto de la mansión.

Las hermanas giraron a ver a su hermano, quien aparte de su sonrojo tenía una gran gota en la cabeza, junto con Meiling, se retiraron del comedor. Ieran también lo hizo, pero mucho antes. Sólo quedaron ambos jóvenes...

 

Al no poder pronunciar palabra alguna, Shaoran ofreció su brazo a la niña, quien lo aceptó con su timidez de siempre.

No podía evitar sonrojarse al estar cerca de él. Lo veía tan apuesto, tan serio, tan atento... Un poco callado, y sobretodo inexpresivo, pero cada cosa se había disipado cuando recibió ese ramo de flores, o ahora mismo, ese paseo nocturno.

Estuvieron caminando hasta llegar al jardín, Sakura no pudo evitar correr hacia el césped y dar brincos. Contempló cada una de las flores bajo la luz de la luna, era un espectáculo tan encantador. Al notar que se había zafado del chico, giró un poco nerviosa a verlo.

Él estaba tras suyo, con su seriedad de siempre... Pero por alguna extraña razón, su rostro estaba preocupado.

—Lo siento –se disculpó con una sonrisa— ¡Este jardín es hermoso!–chilló muy emocionada.

Los ojos de él estuvieron un rato observando los de ella. Otra vez,  Sakura empezaba a sentir temor ante esa mirada.

—No importa...–dijo él dándole la espalda.

Sakura sonrió nuevamente y corrió hacia otro lado. Parecía una niña jugando en el césped, contemplando cada detalle de las flores, y de vez en cuando observando la luna y el cielo estrellado.

—Las Cartas Clow debiste cambiarlas a tus poderes ¿cierto?–dijo la voz de Li.

Sakura giró y lo vio sentado en el césped.

—Sí... Luego de que las capturara vino un Juicio–la niña miró hacia la luna ya sus ojos se volvieron melancólicos— Yue, tenía que ponerme a prueba para saber si era suficientemente poderosa para tener las Cartas Clow y los guardianes.

Li alzó la vista hacia ella. Nunca habría imaginado que ella fuese la dueña de las legendarias Cartas de Clow. Pero al menos, había algo de lo cual no preocuparse; la conocía por las predicciones de su madre, había visto entre una espesa niebla mágica, el rostro de esa niña.

—Kero me dijo, que eran descendientes del mago Clow–dijo Sakura sentándose a su lado con una sonrisa.

Era obvio que esa niña no lo conocía. Ninguna chica se hubiera acercado a él de esa forma. Ninguna chica se hubiera tomado la libertad de sentarse a su lado y sonreírle, pero ella se veía despistada, y no imaginaba que él jamás conversa con mujeres desconocidas.

—La madre de Clow pertenecía al Clan Li–respondió Shaoran de manera seca— Sé mucho sobre las Cartas, porque yo iba a capturarlas... iba a ir a Japón a quitártelas– termino diciendo él con toda la naturalidad del mundo.

Sakura se cayó de espaldas con un gran signo de interrogación.

—¡¿Qué?!... Es decir... Tú.... ¿Hoe?

—Yo iba a ser tu rival en la recolección de las cartas, pero luego se presentó otro problema, y debí quedarme en Hong Kong– aclaró Li con seriedad, pero en el fondo muy divertido al ver la reacción de la muchacha.

Sakura tenía los ojos bien abiertos. ¿Ese chico iba a ir a robarle las cartas? Pero, y si eso hubiese ocurrido... tal vez la cartas no serían de ella... serían de...

—Si hubiese ido a Japón, esas cartas serían mías– agregó luego él.

Miles de gotas recorrieron la cabeza de la pequeña. Lo único que atinó, fue a reír un poco nerviosa.

—Considero por   tu presencia que tu nivel de magia no es muy alto–siguió diciendo en forma petulante—No posees los poderes, que a mi juicio, debería tener el dueño de las cartas.

—¿Y tú que sabes de mis poderes?–le preguntó ella ofendida.

—La primera impresión de un hechicero es sentir la presencia de el sujeto... Es obvio que la tuya no es la gran cosa, es por eso que digo que tus poderes no son suficientes.

La niña se volvió casi tan seria como el chino, quien luego sonrió de forma engreída, sólo para humillar más a Sakura.

—Suenas como Yue–dijo ella sonriendo y apoyando su cabeza en las rodillas.

—¿Qué?–preguntó confundido.

Sakura sonrió y miró hacia la nada, como si en su cabeza volvieran los recuerdos y pasaran delante sus ojos.

—Yue también consideraba que no tenía los poderes suficientes para ser dueña de las cartas–responde serenamente— Y yo tampoco me tenía mucha fe... Creo que sólo Tomoyo y Kero confiaron en mí.

Su sonrisa se volvió débil y cubrió sus ojos con el flequillo de su cabello.

—Gracias a ellos... Pude terminar con la misión.

Li estuvo silencioso y dejó de mirarla. Al parecer verla interrumpía más sus propios pensamientos, estaba furioso, y a la vez un poco arrepentido. No se esperaba que ella fuera la dueña de las cartas, pero menos que fuera tan... ¿sensible? ¿melancólica?.

 

—¿Por qué dijiste que mi rostro se te hacía familiar?–preguntó recordando de pronto.

 

El chico se levantó del césped. Era algo que planeaba hacer, desde que Sakura se había situado a su lado.

—No creo que se necesario decírtelo...–le respondió él de forma cortante.

Una venita surgió del puño de Sakura. No entendía a ese tipo, primero se comportaba de lo más amable y luego se mostraba grosero. Su tono era burlón, y molestaba a Sakura desde que había comenzado a charlar.

—Vamos, se hace tarde–le dice en tono de mandato el joven y Sakura no puede hacer más que seguirlo, pero esta vez, no de su brazo.

Ciertamente, la mansión de a familia Li era muy lujosa. Sakura no había visto cosa igual desde el día que había conocido la mansión Daidouji. Pero esta residencia era distinta. Todo estaba decorado con muebles antiguos y las piezas constaban de grandes espacios para movilizarse con suma libertad, y miles de objetos extraños; candelabros grandes, viejos óleos, grandes y pequeños baúles que por su apariencia databan de muchos años.

Ya era de noche, y todo estaba sumido en un silencio casi tétrico. Sólo el crujir de algunos árboles del jardín se oían en la penumbra, y junto con ellos, los pasos de algunos sirvientes que no dormían aún. Un ejemplo de ellos era Wei. Se topó con los jóvenes cuando éstos entraban a la sala. Les dio las buenas noches, y se fue a cerciorarse del orden del resto de la mansión.

Sakura pudo percibir que Wei era más que un mayordomo para Li. Todo los otros criados se referías a él como el “joven Li” o el “amo Li”, en cambio Wei lo trataba de joven Shaoran, y a éste parecía no molestarle.

La niña tomó el  ramo de flores entre su regazo, y subió con Shaoran al segundo piso. Él se había mantenido muy silencioso y su expresión de malhumor (que ya había florecido otra vez para decepción de la niña) le hacían suponer que no quería hablar ni responder cualquier cosa que Sakura le preguntase. Y sí que la chica tenía curiosidad de saber, entre otras cosa, quiénes eran los personajes retratados en los óleos que adornaban las claras paredes.

Al llegar a la puerta de la habitación de la invitada, Li hizo una pequeña reverencia y se marchó a la suya. Sakura iba a abrir la puerta, cuando notó que él entraba a la habitación de al lado.

—“Genial... Espero que para dormir no tenga esa actitud tan brusca”–pensó irónicamente y se adentró a la estancia.

Al encender la luz pudo distinguir el cuerpecito de Kero reposando cómodamente en su cama. Daba ronquidos bajitos y se había cubierto con la almohada al sentir el destello de luz que interrumpió su sueño.

—Perdón Kero... –dijo Sakura apagando la luz y prendiendo la del tocador que era menos potente.

El muñequito se dio media vuelta y siguió dormitando.

Sakura dejó el ramo en la mesita y lo contempló sentada un rato en el sillón.

Estaba tan confundida como sorprendida, tenía tantos deseos de contarle a Kero lo que se había perdido en la cena. Un gran banquete, un exquisito postre y aparte de eso las palabras de Shaoran Li.

Exhaló profundamente y entrecerró sus ojos. Intentó imaginarse a ese chico arrebatándole las cartas cuando pequeña. Tenía mucha razón al decir que si hubiera viajada a Japón, las cartas estarían en sus manos. Bastaba suponer que al ser descendiente de Clow sus poderes eran grandes y se asimilaban a los de él.

—Le comentaré a Eriol sobre eso en mi próxima carta–se dijo y luego se levantó de la silla tocándose su adolorida espalda.

Caminó hacia el armario y en medio de su ropa encontró su teléfono móvil.

—¡Qué bien! ¡Así podré llamar a Tomoyo!–exclamó con una gran sonrisa.

Corrió a la silla y sentase allí nuevamente, mientras marcaba apresurada el número de teléfono de su mejor amiga.

 

                                    * * * * *

 

Retrocedía el video una y otra vez sin cansarse.

Apoyada en el asiento contiguo se encontraba una taza de humeante té, que la sirvienta había llevado por exclusiva orden de su madre. Es que ella se preocupaba mucho de su salud, siempre había sido muy vulnerable a contraer enfermedades (sobretodo gripe) y siempre le pedía que se abrigare mucho y bebiera té caliente antes de dormir.

Su dedo pulgar nuevamente se hundió contra el botón de retroceso del control remoto.

Ante ella, en una enorme pantalla, la imagen de tres niños se vislumbraba.

Uno de ellos tenía su cabello azulado y tez pálida, sonreía de una manera tan misteriosa... A su lado había otra chica de profundos ojos verdes, cabello castaño corto, con dos coletas y expresión alegre... Y al lado de ella, una joven alta de cuerpo esbelto, cabello largo y una trenza que sobresalía entre sus sedosos mechones que caían delicadamente en sus hombros. Pronto en escena apareció otro personaje , cuya cara redonda y amarilla hicieron que una carcajada se oyera en la habitación de la señorita. Pero a esa cara, se le sumó otra, que parecía un gato negro y expresión ceñuda. Aquello llevó a una discusión, y la cámara quitó el lente rápidamente para enfocar a la niña de cabello corto, que un poco nerviosa saludaba con su mano.

—¡Sakura, ese traje te queda precioso!– se oyó ella misma que decía.

—Ayy jajaja.. gracias Tomoyo, no tenías por qué hacerlo... Es sólo un paseo por el Templo–respondió Sakura con su expresión infantil e indicando a lo lejos el Templo Tsukimine.

Otra voz que parecía mucho más madura y afable que la de cualquier otro chico se oyó.

—Tendremos que apresurarnos, o comenzarán el festival–dijo Eriol sonriendo y el lente lo enfocó.

—Es verdad– apoyó ella misma, oyendo claramente de su parte, una suave carcajada.

—Bueno... ¡En marcha!–dijo la joven alta encaminándose primero que el grupo.

Las dos pequeñas criaturas se fueron a la siga y de adentraron en la cartera que la joven llevaba en su mano.

—Vamos, o Nakuru se comerá todo–opinó Eriol y la cámara se apagó.

Tomoyo sonrió y apagó el televisor refregando sus ojos.

Eran tan hermosos recuerdos los que guardaba con sus amigos, y qué asertiva había sido al grabarlos, para luego verlos.. una y otra vez. Aquellos momentos felices parecían no querer repetirse y la única manera de rebuscar y poder rememorarlos eran todas esas cintas que guardaba como su tesoro.

Apagó con el mismo control remoto las luces y estiró un poco sus brazos dando un breve y delicado bostezo.

—Es hora de dormir–se dijo y caminó sonriente a su habitación, hasta que el ruido de su teléfono móvil la detuvo—¡Es Sakura!–chilló y corrió a responder.

—Hola Tomoyo– se oyó la voz de su amiga.

No pudiendo contener su alegría, Tomoyo sonrió enormemente.

—¡Sakura! ¿Cómo estás? Me enteré que estabas en Hong Kong– dijo Tomoyo volviendo su rostro preocupado.

—Vaya.. Sí que las noticias vuelan–dice Sakura con alegría— ¿cómo te enteraste?

Tomoyo ríe un poco.

—Hoy fui a visitarte y noté en “Sakura” algo anormal.. Hasta que descubrí que era Espejo suplantándote, ella me lo dijo, creo que notó que estaba preocupada–contesta Tomoyo.

—No tienes de qué preocuparte Tomoyo... Estoy aquí porque recibí una invitación de la familia Li, son descendientes de Clow y querían ver mis poderes–dice ella con tono cansado.

—¿Entonces ya les demostraste que eres una gran hechicera? ¡La mejor brujita!

A Sakura le corrió una gota, mientras sonreía de esa manera nerviosa cuando Tomoyo comenzaba a elogiarla.

—Tomoyo no digas esas cosas–dijo avergonzada y sonriendo al sentir las carcajadas joviales de su amiga.

Al callar la risa de Daidouji, Sakura prosiguió:

—Aún no hemos hablado mucho sobre magia... ¡Oh, Tomoyo, vieras tú lo hermoso que es este lugar–proclamó ella con emoción que Tomoyo pudo notar a pesar de la lejanía—¡El jardín es divino! Vieras todas esas flores, huelen riquísimo y sus colores... ¡nunca vi colores más encantadores! Parece todo tan mágico que me asusta pensar que es sólo mi imaginación... ni en sueños creo haber visto algo tan bonito.

—No sabes cuanto me alegra Sakura–dijo con tono cariñoso su amiga.

—Kero ahora está dormido–siguió diciendo Sakura—No quiso bajar a cenar. No sabes de las delicias que se perdió... había muchos postres y el comedor tenía las mismas flores de jardín.

Tomoyo sonreía a cada cosa que Sakura le decía. Escuchaba con alegría e impacientando sus ganas de preguntarle más cosas, conformándose de lleno lo que con tanto fervor su amiga le relataba.

—Las hermanas Li me dieron un traje especial para la cena...son cuatro y se preocupan mucho por mí, por eso me siento muy cómoda.

Sakura detuvo su conversación para luego decir:

—Tomoyo...

—Dime

—¿Me harías el favor  seguir yendo a mi casa para ver a Espejo?–preguntó Sakura.

—¡Por supuesto! Mañana mismo pensaba en ir, sobretodo a ayudarle con los quehaceres

—¡Muchas gracias Tomoyo!–dijo Sakura— Y disculpa por llamarte a esta hora, pero necesitaba hablar contigo.

—Descuida, yo también quería saber cómo estabas... sobre todo luego de lo que me contaste ayer–contestó Tomoyo un poco triste.

Sakura entreabrió la cortina de a habitación dejándose ver el destello de la luna.

—Estoy muy bien... Sólo necesito tiempo–murmuró lacónica— Pero sé que podré seguir viéndole como un amigo.

—Cualquier cosa que necesites, no dudes en llamarme

—De acuerdo... ¡Buenas noches!–se despidió Sakura.

—Buenas noches–respondió Tomoyo.

Al cortar la comunicación, dejó el celular en su velador. Ahora podía estar tranquila sabiendo que su amiga Sakura se encontraba bien y sobretodo contenta,

Por ahora, todo marchaba bien...

                                   

* * * * *

 

Siendo las 09:00 am, el avión arribó en el aeropuerto de Hong Kong. El cielo estaba despejado y según el pronóstico que había oído al aterrizar, la temperatura sería alta. A nadie que viviese o conociese el lugar se sorprendería. Era una isla que siempre tenía un sol centellante iluminando un cielo claro propio de esa época del año.

Al salir por la puerta principal con su equipaje, un coche rojo lo esperaba.

—No pensé que te levantarías tan temprano para buscarme–comentó a modo de saludo, estrechando la mano del otro sujeto.

—Todo por mi amigo–dijo éste sonriendo—Ahora Akihiro, deberás dormir una siesta para soportar la fiesta que se viene en la noche.

El aludido sonrió ariscamente y comentando con gracia dijo:

—Espero que hayas organizado algo bueno Yamashita... Mira que estos días no he podido beber alguna bebida alcohólica, escuchar buena música o conocer mujeres–al decir esto se detuvo pensativo— ¿La invitaste?

Su amigo afirmó sonriendo con la cabeza y subió al automóvil. Akihiro también se adentró y sacó sus gafas oscuras.

—¿Por qué tanto interés? Pensé que querías darte un descanso con las mujeres–comentó su amigo riendo burlonamente.

—Ella me hizo recapacitar–contestó con algo parecido a ironía y seriedad.

Las calles pasaron fugaces a la velocidad del vehículo de Yutako Yamashita. Aquel lujoso modelo era su orgullo. Tal vez no tenía mucho dinero, no trabajaba ni estudiaba, era tratado como un vil vago, tuviera la manía de tener un cigarrillo entre sus labios o la fama de “mujeriego”; pero tenía ese automóvil que su padre le había heredado antes de fallecer de un cáncer severo. Akihiro tenía que aceptar que no lo conocía muy bien, sólo unos pocos detalles que él le daba a entender, pero se había encontrado con alguien de pensamientos tan liberales y rebeldes como los suyos. Todo lo que él no podía hacer por estar apegado a las reglas del ayudante del Jefe del Clan Li, podía hacerlo su amigo, quien no rendía cuentas a nadie y disfrutaba de su dinero (una gran suma que disminuía cada año considerablemente) y su automóvil sin tener que trabajar, ni preocuparse de su futuro.

Ojalá y todos pudieran gozar de la vida como él, pero Akihiro pese a todo, tenía además otras aspiraciones para su porvenir. Quería llegar a ser un hechicero, ero no cualquiera, no uno de otros tantos... uno especial el más grande, el gobernador de todos. Manejar todos los poderes existentes y por haber, y les controlara como quien juega con un indefenso juguete. Su sueño podía llegar a cumplirse, pero para eso era necesario seguir los pasos del juego e forma delicada  y paciente, con paciencia pero hasta el final. “Hasta el final” era la frase que usaba su padre antes de que lo abandonara y dejara al cuidado de su madre y su abuelo. Además, tenía una hermana de la cual nunca supo nada, ya que su madre  callaba cualquier información. Luego de que su padre huyera de los altercados que tenía pendientes con los demás magos, su madre se había vuelto fría y silenciosa, no saliendo más de sus labios alguna palabra cariñosa para su pequeño hijo. Akihiro no se consideraba pequeño, ahora que lo meditaba, había sido suficientemente maduro al aceptar la separación de sus familia y ni siquiera se alarmó cuando su madre se casó con otro, resultando de esa unión unos inquietos mellizos. Que cuando tenía la desgracia de verlos. Destrozaban sus nervios. Nunca había tenido la delicadeza de tratar a otros, mucho menos niños.

—La señorita Kuroda llega en la tarde–dijo Yamashita—¿Quieres que vayamos a recogerla?

—Puedes ir tú–respondió Akihiro rápidamente— Tengo que pasar a noticiar a la Sra. Li.. Uf, ya no aguanto los deseos de ver su rostro preocupado.

Soltó una estruendosa carcajada a lo que Yamashita preguntó:

—¿Alguna mala noticia?

—No... pero en especial hay una–responde Akihiro sin parar de reír

Yamashita no sabía mucho del Clan. Sólo que eran hechiceros y poseedores de una gran fortuna (cosa que lo sabía toda China), pero de ahí a querer saber detalles de los que consideraba “raros” no había ninguna necesidad, ni curiosidad.

Al llegar a su departamento, Akihiro bajó con su maleta y se despidió de su amigo acordando la hora para la fiesta.

Lo primero que hizo fue tomar una larga ducha, ya que le esperaba una agotadora, pero por qué no decir, entretenida entrevista con Ieran Li.

 

                                    * * * * *

 

Ya no quedaban indicios del ambiente del día anterior. Todo había desaparecido dando paso a la monotonía de siempre. Desnudando a esos muebles de tan bellos coloridos de flores y apagándose las luces de los candelabros que la noches anterior daban tanta gracia al comedor.

—Muy buenos días–saludó una voz familiar.

—Buenos días–respondió ella volviéndose a la voz.

La dama se sentó en la silla que se ubicaba en la punta, ella en tanto corrió su silla y se ubicó en ella con un poco de duda en sus movimientos.

—Apostaría que todos los demás aún duermen...–le dijo la mujer con una sonrisa— Si quieres podemos desayunar sin ellos.

—¡Oh, no! ¡Por mí no hay problema en esperar!–dijo Sakura negando con su cabeza.

Ieran sonríe mirando con admiración a la muchachita.

—Kerberos... ¿también duerme?–dice luego la mujer observando hacia un lado del comedor.

Sakura baja un poco la vista.

—Bueno... Pidió que le disculpara, pero quería quedarse en la habitación–respondió con voz preocupada..

Kero nunca se comportaba de esa manera. No comía nada desde ayer y hoy se había levantado muy silencioso, sin deseos de hablar ni pedir comida.

—¿No han hablado nada?– inquiere Ieran algo sorprendida.

—¿Sobre qué?

Parecióle increíble el poco coraje del guardián. Lo creía un poco más atrevido, pero en ese instante lo juzgó por la inocencia de Sakura. Era mejor que no supiese nada... de lo contrario no se prestaría para algo así, se veía en sus hermosos ojos, ningún rastro de maldad o capacidad de mentir.

—Sobre... La visita que recibiremos en los próximos días–le dice ella con una sonrisa.

—¿visita?... No, Kero no me ha dicho nada

Ieran sonríe nuevamente y Fanren junto con Shiefa entran al comedor.

—Buenos días–dicen ambas tomando lugar en sus respectivos lugares.

—Buenos días–responde Sakura sonriendo.

—Ay que linda... Hoy te despertaste temprano ¿Qué te pareció el jardín? ¿Mi hermano te llevó a verlo?–dice Shiefa con una gran sonrisa.

Sakura asiente con su cabeza sonriendo.

—Es muy lindo.

—¿Quién? ¿Mi hermano o el jardín?– pregunta Fanren con una sonrisa maliciosa.

Sakura se sonrojó un poco ante el comentario, a lo que responde que el jardín.

—Fanren que mala eres... La hiciste sonrojar–le reprocha Shiefa mirando de reojo a su hermana, y luego sonriéndole a Sakura.

—¡Hola!–dice otra voz, que es la de Fuutie.

—Buenos días–responden los presentes a coro.

—¡Hola Sakura? ¿Cómo amaneciste hoy?–pregunta Fuutie acariciándole el cabello.

—Bien, gracias–dice ella sonriendo un poco avergonzada.

Luego, Feimei también apareció dando un largo bostezo.

—Muy buenos días–dijo a todas y se sentó también.

Sakura las contempló a las cuatro. Ellas comenzaron a hablar sobre lo que harían hoy, algo relacionado a un paseo, que seguramente, era lo que Ieran había dicho anoche.

—Muero de hambre... Iré a buscar yo misma a Shaoran–refunfuñó Feimei luego de otro bostezo.

El desayuno no se serviría hasta que el último miembro de la familia se sentara.

Y al parecer, Shaoran no tenía apuro en aparecer.

Aún estaba acostado en su cama, aunque ya despierto. Tenía su cabeza tapada con la cobija, porque la luz de la ventana le entorpecía. Sabía  perfectamente la hora, y que estaban esperándolo a desayunar, pero no tenía ánimos de bajar y verle la cara a su madre, o a la odiosa niña japonesa.

—“¿Y ahora por qué la odio? ¿Por saber que es la dueña de las cartas que siempre soñé, serían mías?... En todo caso, creo que ella debería odiarme más–pensó el chico–... No me explico la cara que tendrá hoy, cuando su guardián le diga lo que planea mi madre. ¿Y si se arrepiente? Ojalá y no acepte, al menos quedará ella mal ante mi madre... Suena como cobardía, pero yo no quiero desobedecerla, sé que lo hace por mí y mis hermanas... es la excusa que siempre ha tenido.

Pero y por qué ella... ¿Por qué no alguna otra chica que me han presentado antes? ¿No sería más fácil pedir a una de las chicas de los Clanes amigos? Sería más fácil y no le ocultaría nada a nadie... Esa Kinomoto no tiene nada especial... Su presencia no es tan poderosa, aunque tiene alto nivel mágico... Quizás le falte practicar”

Shaoran recordaba perfectamente a las Cartas Clow. La primera vez que oyó de ella, fue de labios de su madre. Ella le relataba a él y a sus hermanas con pausada voz, pero con un brillo enigmático en lo ojos. Podía verse el mismo como aquella vez, con sorprendidos y atentos ojos, su corazón acelerado por cada palabra que su madre pronunciaba.  Por su cabeza pasaban tantas ideas, que eran infantiles y llenas de esperanzas; podía verse ante esas cartas lanzando grandes conjuros, volando por el cielo con alas tan blancas como la nieve, o probar los sorprendentes poderes de fuego o agua, viento o tierra. ¡Todas! Cómo había soñado poder verse rodeado de ellas, creerles suyas, protegerlas así como ellas protegerían de peligro... Y todo eso ‘fue sólo un sueño imposible? ¿Alguna ilusión demasiado infantil, frustrada por una gran responsabilidad? Qué vida aquella... Esa que había pasado tan repentinamente y lo dejaba aturdido, perdido entre todo. Ese conjunto de extrañas situaciones que se les llama vivencia, toda una vida extraña, rodeada de magia, rodeada de clanes, y ahora de prometidas...

Se sentó en su cama y estiró sus brazos, luego de pestañar repetidos veces ante la potente luz solar. Había pensado en bajar, ya estaba sintiendo un vacío en el estómago y esta empezaba a rugir por comida.

—Ni hablar, tendré que bajar–se dijo molesto.

 

Rostros de alivio vio en sus hermanas cuando apareció en el comedor.

—Buenos días– saludó su madre con seriedad.

Shaoran se sentó en su puesto de siempre con la cabeza gacha. No creía que fuese correcto reaccionar de mala manera con su madre, pero tampoco era correcto sonreírle.

Alzó un poco su cabeza al sentir que era observado. ¿Ella? Sí, la misma Sakura, quien al encontrarse con su ojos le sonrió levemente.

¿Qué podía hacer ahora? ¿Sonreírle también? ¿Con todo cinismo?

—¡Ay que bien, tenía tanta hambre!–exclamó Shiefa intentando soltar el tenso y callado comedor.

Los platos de comida fueron repartidos, dando alguna razón al muchacho para bajar la vista y no observar esos profundos ojos esmeraldas.

—Creo que hoy no podré salir al paseo que le prometí a la señorita Kinomoto–dijo Ieran dirigiéndose a Sakura y después a sus hijas—Pido disculpas y las dejaré a cargo a ustedes... Podrán elegir el lugar.

—¡Que tal si vamos al cine!–propuso Fuutie de inmediato—¡Hay una película de terror buenísima!

Sakura sintió un escalofrío por la espalda. Cruzó los dedos bajo la mesa, pensando “no, no... otra idea... por favor”.

De pequeña le había tenido miedo a los fantasmas, y ese temor en parte era culpa de su hermano Touya. Él siempre le contaba historias de fantasmas o hechos muy extraños, donde espíritus volvían a la tierra, o se manifestaban de distintas maneras. Una cobarde, era como ella se calificaba. Y eso, le llevaba a muchos problemas... Tener que huir despavorida cuando su compañera y amiga, Naoko comenzaba a contar historias de terror, o leyendas de espíritus y monstruos; y cómo olvidar la captura de Espejo, donde había huido creyendo que era un espíritu del bosque por su presencia similar.

—Yo preferiría otra cosa...–objetó Feimei luego de beber su jugo— Como... un picnic.

Sakura respiró aliviada al oír eso. Pero faltaba que las demás aceptaran, por lo que sus dedos seguían cruzados. 

De vez en cuando, dirigía sus ojos a Li, pero él estaba silencioso e intentaba no devolverle la mirada. No sabía como reaccionar ante él... Sin querer le había sonreído cuando se sentó en la mesa, pero no pensó en hacerlo... después de todo, la noche anterior todo había sido muy confuso. Como si ese gentil y amable chico botara su cartea y diera paso a un sarcástico y hostil Shaoran, ese que se había prácticamente “reído” de ella, quien se había auto nominado alguien capaz de tener las cartas Clow... y no lo dudaba. ¡Pero qué coraje había sentido! ¡Tanto descaro en creerse posible dueño de las cartas, después que ella había arriesgado hasta su vida en capturarlas! Y si fuera su vida qué... También había arriesgado hasta sus propios amigos, ya que la mayoría de las veces, ellos tuvieron relación con las cartas.

—Apoyo la idea del picnic...–dijo Shiefa sonriente.

—Yo también–dijo Fanren, para alivio de Sakura eran tres contra una—Pero podemos ir a ver esa película de terror mañana.

Los ojitos de Sakura se volvieron como los de Kero y su rostro se tornó de un azul. Comenzó a temblar al imaginarse frente a la pantalla gigante viendo imágenes terroríficas.

—“¡Hooooe!... Bien... Tranquila... Uf, no te sirve de nada estar nerviosa, por hoy sólo será un picnic...”–pensó sacudiendo su cabeza.

Las hermanas ya habían decidido (con un voto nulo de Shaoran, y uno de Sakura a favor del picnic) y lo milagroso, era que habían evitado las riñas.

 

                                                * * * * * *

 

Una neblina brumosa y espesa, atisba el horizonte de la ciudad.

Los transeúntes se abrigaban con grandes abrigos, gorros, bufandas, todo lo que les fuera posible para evitar el frío que se comenzaba a sentir.

Pero lejos de todo el tráfico y la muchedumbre, una gran mansión se eleva majestuosa en comparación con las otras dos que le rodean. Tenía un amplio jardín, quizás no tan grande como se describe el de casa de los Li, pero igualmente con una enigmática belleza de cada flor que embobaría a cualquier amante de botánica, y hasta las personas comunes.

En uno de sus amplios ventanales, un rostro observa con grandes ojos la neblina. Su expresión, aunque sea seria, refleja una persona alegre y vivaz. Así también lo demuestran sus labios, que tienen una inclinación a sonreír. Vestía con un grueso chaleco y una larga bufanda.

—Qué exagerada... No hace tanto frío como para andar como esquimal dentro de la casa–dijo una vocecilla en la habitación.

La mujer se volvió y sonriendo juguetona respondió:

—El que tu no sientas frío, no quiere decir que otros no.

El aludido se encogió de hombros y se dirigió a la ventan, junto con la mujer.

—Oye, pensé que hoy irías a trabajar

—Jaja... Con este frío no salgo ni a la esquina– alegó ella sagaz— Qué cosas dices Spi...

De la cabecita del gatito negro, una venita surgió.

—¡No me llames Spi!– chilló el guardián agitando furioso sus cortos bracitos.

 

Nakuru río luego, acurrucándose más en su bufanda.

—Con que aquí estaban–dijo una voz desde la puerta.

Un joven de cabello azul, y ojos del mismo tono cubiertos por unas gafas, se adentró en la estancia con una sonrisa afable. Aunque fuese prematuro dar una opinión de él, cualquiera que lo viera notaría su simpatía y cordialidad, y también, esa enigmática atmósfera que parecía envolver cada uno de sus sutiles ademanes.

Con una sonrisa que parecía inundar de misterio sus labios, se acercó a Nakuru.

—¿Por qué tanto alboroto?–pregunta como si fuera un reproche, pero su voz es tan serena como siempre.

—Eriol... ¡fue Nakuru la que empezó!– dijo el Spiner de inmediato.

La mujer río un poco y luego mirando a su dueño contestó:

—Es que Spi se enoja por todo... Es un gruñón

El joven de cabellos azules le sonríe a ambos, pero sus guardianes notan algo intranquilo en su semblante.

—¿Qué pasa Eriol?–se atreve a preguntar Nakuru.

Él parece dudar en responder, pero sabe que su silencio preocupará más a sus guardianes.

—Me enteré...–comenzó diciendo mirando por la ventana—Que el Jefe de la Asamblea de magos irá a casa de los Li...

—¿Los Li? ¿Se refiere al Clan de hechiceros de China?–pregunta Spiner interesado.

—Claro... Los descendientes de Clow–dice Eriol sonriendo— Sé que el Jefe de la Asamblea, quiere ver a Li Shaoran... El hijo de Ieran.

Nakuru puso su mano en su  barbilla y pensativa agregó:

—Si no me equivoco, ¿es la jefa del Clan Li?

Eriol afirmó silencioso y sus labios deshicieron la sonrisa de hace poco.

—También me enteré... Que Sakura está en su casa.

Los ojos de Nakuru y de Spiner se abrieron a la mención del nombre de la maestra de las cartas. La niña que habían conocido, y la cual demostró tener grandes habilidades con la magia.

—¿Y qué hace ella ahí?–pregunta Nakuru sin evitar sonreír al recordar el rostro infantil y tierno de la japonesa.

Eriol parece dubitativo. Muy pocas veces se le veía tan temeroso, tan inseguro de sus propias palabras.

—No lo sé... Pero espero que no sea... lo que creo–responde sonriendo levemente.

Sus guardianes intercambiaron miradas confundidas, y Eriol continuó mirando la neblina.

Aquello que temía, eran las intenciones de Ieran con la muchacha, puesto que era sabido que el Clan Li había planeado preparar al joven Shaoran para capturar las cartas o arrebatárselas a la Card Captors como fuera. Sólo esperaba que ahora esas intenciones fueran parte del pasado. Sakura no necesitaba más problemas de los que él terminó de darle, hacía dos años.

 

                                    * * * * *

 Aunque no asumiera la satisfacción que a su estómago producía ese bocado, Sakura sabía que su guardián había recibido gustoso el alimento. Era un poco de te y galletas que había pedido a la cocinera, quien sorprendida de ver a la visita en la cocina, le dio todo y no preguntó si quiera, el por qué del pedido si ya había desayunado.

—¿Qué estás haciendo?–le pregunta al ver a la niña sacar un sombrero de la maleta.

—Iremos de picnic a un lugar que está cerca de aquí–respondió sonriente— ¿Vendrás también?

Kero alzó un poco la ceja y se quedó pensativo. No tenía ánimos de ir, pero no permitiría dejar a su dueña sola y dejarla con ese “mocoso”, sabiendo las intenciones de él y su madre.

—Sí, también iré–contestó resolutivo y dejando la taza de té a un lado.

Sakura esbozó una sonrisa y mirándose al espejo, puso su sombrero en la cabeza. También contempló su ropa, ya que en la mañana, una criada le había ido a dejar más prendas, por cierto, todas muy hermosas.

Tomó su pequeña mochila y pidió a Kero que se ocultara en ella. El muñequito no aceptó muy gustoso ya que lo encontraba innecesario. Todos en la casa conocían de magia, pero a Sakura ,eso parecía no importarle... Tener a Kero oculto en la mochila era una  costumbre...

 

Por la gran mansión, las hermanas corrían haciendo los preparativos. Wei también compartía sus carreras y las ayudaba a ordenar desde la comida, hasta buscar la sombrilla perdida de Feimei.

Shaoran se mantenía distante, con una prenda casual, como si fuera a excursión o a cualquier parte, junto con una visera para el sol, idea de sus hermanas. Leía un libro, que a juzgar por su apariencia, no era de los que se encontraban en el despacho de Ieran. Esos gruesos y de paginas percudidas... Al contrario, parecía un libro común y corriente.

—¡Estoy lista! –exclama Fanren con su sombrero de colores chillones y con una cesta en la mano— Shaoran cambia esa cara... Parece que fueras a un funeral antes que un picnic.

El chico frunce el ceño y baja la vista al libro. Fanren sonríe y menea la cabeza negativamente, al ver que no podrá lograr entenderse con su hermanito menor.

—¡Sakura! ¿Ya estás lista?–dice al ver bajar a la chica japonesa.

—Sí–afirma ella sonriendo— Eh... SI quieren puedo ayudar en algo mientras...

—¡Ay no, qué cosas dices!–dijo divertida la joven—Tú quédate tranquila ya que eres nuestra visita.

Sakura afirmó y vio a Fanren desaparecer en la cocina. Ella se encaminó a la sala, donde la presencia de Li, no tardó en darse a conocer.

—Tiene razón.. La visita debe estar tranquila–comentó él en tono irónico.

La jovencita ignoró el comentario y se dirigió a la ventana de la sala. No tenía ánimos de discutir con ese chico, ya que era una casa ajena, y por muy mal que fuera su relación con él, no podía hacer tal desatino al resto de la familia.

Kero estaba dispuesto a salir en cuanto oyó la voz del chino, pero había esperado un trato más cortes, como debía ser... Sin embargo, el tono burlón del “mocoso” le hizo respirar un poco más aliviado. Al menos Sakura no se fijaría en un tipo tan molesto como él.

 

Las cuatro hermanas cargaron todas las cosas a la limosina. Sakura salió a ayudar, pero nuevamente se le fue negada la oportunidad. No pudo ni siquiera ayudar a cargar la cesta de comida.

Cuando ya todo estuvo guardado, esperaron unos breves minutos, hasta que la última integrante se unió al paseo.

—Me alegra que hayas venido Meiling–dijo Sakura al ver aparecer a la prima de Shaoran.

—Jajaja... Es que esto no me lo pierdo por nada–respondió ella riendo y mirando de reojo a su primo, quien haciendo caso omiso, bajaba la vista a su libro.

 

Notas: Yaaaaa! ^ ^ no puedo seguir escribiendo más... Mis deditos están congelados!! Hace mucho frío y no me kiero resfriar. Dedicado en forma especial a Melissa por su apoyo, y Sofía k me sigue dando ideas XD... su cerebro trabaja más a full k el mío, jeje ^.^

Comentarios o cualkier duda a mi mail—> gabri_saku@hotmail.com Hasta el prox. Cap!

 

 

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